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Pocas veces se podrán ver finales tan apasionantes como la que esta noche disputaron en Nerja Sevilla FC y Athletic Club. El choque fue guadianesco, comenzó mucho mejor el Sevilla, los vascos se encontraron con un gol y se hicieron dueños de la situación, los nervionenses reaccionaron al final, de nuevo pegaron los bilbainos, que con el 2-1 a favor pudieron sentenciar en varias ocasiones, encontrándose con un impresionante Dani Jiménez. Los de Tejada tuvieron el choque realmente mal, estuvieron contra las cuerdas y de hecho en pleno descuento nadie podía apostar por la heroica. Pero los jugadores, los verdaderos protagonistas de esta película, siempre creyeron en la hazaña, dando una lección de competitividad ante un rival que quizás pensó que todo estaba hecho y se dedicó más a perder tiempo que a amarrar el resultado. Los goles de Luis Alberto y de Rodri, que fue el artífice de la remontada, certificaron la victoria, pero fue realmente la perseverancia de los andaluces la que hizo realidad un triunfo que por momentos fue utópico.
La realidad es que no siempre escribe el fútbol las historias con renglones rectos, a veces las letras se tuercen pese a lo que en un principio parece marcar la pluma. Eso es lo que pasó en el encuentro de esta noche, tanto al Sevilla en el primer periodo como a los vascos en el segundo. Los hispalenses salieron a por el balón, se hicieron dueños de él con Salva como confeccionador de avances e incluso llegaron a tener ocasiones de gol claras, como una internada de Luna que el lateral no supo resolver y otro balón franco de Luis Alberto. El Sevilla era superior, la profundidad de sus laterales en ocasiones se antojaban imparable para los vascos, la movilidad de Rodri abría espacios que Luis Alberto, a puro regate, sabía copar sin suerte... El choque pintaba nervionense, pero el Athletic, a diferencia de los de Tejada, que apenas había dicho presente en los primeros 35 minutos, no fue tan contemplativo a la hora de golpear. Apenas necesitó un saque de falta para que Iker Ibarruren, con testarazo imparable, pusiera un 0-1 que poca justicia hacía tras lo visto en el verde del Enrique López Cuenca.
En la reanudación el choque comenzó vibrante. El Sevilla dispuso de una falta desde la zurda que obligó a lucirse hasta en dos ocasiones al meta Aitor Fernández, en la segunda con un remate a bocajarro de Salva. Pero el Athletic no tardó en marcar sus cartas y con dos rápidas contras puso el corazón en el pecho al bando andaluz, aunque afortunadamente la puntería de Etxaniz no estaba afinada. El fuerte arranque perjudicó al Sevilla, que se que se quedó con una marcha menos que los vascos. El Athletic tuvo varias para sentenciar, Tejada movió el banco, primero sacó a Boris y Melo para tener más pegada, por Mario, mediocentro, y Alejandro. La realidad es que con el paso de los minutos el Sevilla se rompió en dos, los delanteros estaban muy separados del resto del equipo, el Athletic era el verdadero dueño del choque.
La entrada de Francisco Sánchez, sin embargo, por Guerra, sí aporto más cohesión. En el tramo final volvió a aparecer Luis Alberto, que en banda estaba muy desaprovechado pero que por el centro era una maravilla. Basado en su ritmo y en la fuerza de Salva, el Sevilla comenzó a tocar la pelota, abandonó el pelotazo a la desesperada y a diez del final una jugada elaborada acabó en trallazo de Luis Alberto, que firmó el 1-1. Casi sin tiempo para celebraciones, respondieron los vizcaínos con gol de Extaniz, auténtico quebradero de cabeza para los andaluces. Los de Tejada quedaron tocados y hundidos, el Athletic a la contra tuvo hasta tres clarísimas ocasiones para machacar, pero apareció la estela de Dani Jiménez, que hizo varias actuaciones fabulosas. Con sus paradas Jiménez dio alas a sus compañeros, que en pleno descuenta, a la desesperada, buscaban con el corazón la heroica. La película parecía finiquitada, los vascos hicieron los cuatro cambios, la Copa viraba para San Mamés... Pero llegó la última jugada del partido, Salva, que hizo un partidazo, cuelga la bola, la peina atrás un central vasco y Rodri se queda solo ante Aitor Fernández, batiéndole sin piedad con un zurdazo cruzado. Entonces llegó el verdadero delirio en la porción de la grada que sentía en nervionense, que ya se daba por derrotada.
Por motivos emocionales obvios, en la prórroga era el Sevilla quien tenía la voz cantante. El entrenador del Athletic había especulado en exceso con los cambios para perder tiempo, retirando a sus mejores jugadores. Ello, unido a la alta mora de los nervionenses, hizo que los de Tejada se fueran arriba con decisión ante un rival todavía cariacontecido. En ese contexto, con los diez primeros minutos cumplidos, Rodri, otra vez, volvió a montarla. Engancha un cuero en el área, levanta la cabeza, fija su objetivo y adentro. Ahora sí, aunque todavía quedaban 20 minutos por delante, parecía que la final no se escapaba. De hecho, a partir de ese momento el partido se enredó en un sinfín de expulsiones y tarjetas, saliendo claramente perjudicado el Sevilla, que acabó jugando con nueve, pero aún así, siempre muy seguro, con un Dani Jiménez soberbio.
El pitido final cerró un encuentro vibrante, con alternativas por ambos bandos, porque la realidad es que ganar pudo hacerlo cualquiera. Lo mejor que hizo el Sevilla fue encomendarse a su fe y no dar nunca la contienda por perdida, a diferencia de un Athletic que sí pecó en exceso de confianza. Esa mentalidad ganadora, ese saber competir hasta el último minuto con intensidad máxima, fue, a la postre, la que resolvió una extraordinaria final, que proclama al Sevilla campeón de Copa de División de Honor por segundo año consecutivo, evidenciando la extraordinaria salud de la cantera del Ramón Sánchez Pizjuán, así como la profesionalísima forma de trabajar de la Entidad con sus Escalafones Inferiores.