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Domingo Pérez, en su reconocimiento
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UN NAZARENO EJEMPLAR: “LOS DEL ANTIFAZ MORADO SON LOS NUESTROS”

26/03/2024
Entradilla
Artículo en memoria de Domingo Pérez, histórico masajista en el club de Nervión y fiel cada Martes Santo en el barrio de La Calzada
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Domingo Pérez ha sido para San Benito, simplemente, un nazareno ejemplar. Su vida transcurrió entre las sombras de las grandes estrellas del fútbol, recuperando con sus manos durante varias décadas a los futbolistas del Sevilla y de la Selección española. Ese mundo quedaba congelado cada Martes Santo para portar el último cirio que ilumina a la Virgen de la Encarnación. Domingo y Carlos, uno de sus hermanos, han sido durante años la última pareja de nazarenos de la cofradía. Carlos había tomado el relevo de Manolo, otro Pérez que nos dejó hace ya casi una década. Parece que la Virgen necesita con urgencia toneladas de bondad porque en un suspiro ha convocado a su mejor doble escolta a su lado. Carlos ha preferido este año no pasar por ese trago tan complicado de mirar al lado y no ver a su hermano. Las nuevas generaciones le impulsarán a retomar el camino en breve. Patricia, la hija de Domingo, cumplirá el deseo de su padre de haber acompañado al Misterio con una vara antes de colgar definitivamente la túnica. 

A Domingo, Manolo, Carlos y Angel, el cuarto hermano, le llegó la pasión sanbenitera de manos de Manolito Pérez, masajista histórico del club de Nervión. De las muchas historias que esconde nuestra Hermandad está este bonito cuento de cuatro nazarenos que salían del Sánchez-Pizjuán, donde vivía la familia, para acudir a la Iglesia. Ese reportaje se me escapó y mira que lo lamento…

El boletín siempre nos regala una foto recordatoria de las normas que debe cumplir el nazareno, pero podría abrir un doctorado para contar qué actitud ejemplar debe seguir un nazareno de San Benito cada día del año. El título sería algo así como “la huella de Domingo Pérez”.
Domingo ha llevado siempre una vida repleta de amor y bondad. Un ejemplo para sus amigos y su familia. No se le conoce en este mundo un enemigo, ni un acto de rencor, ni de envidia, ni de mala educación. En un mundo de pirañas como es el fútbol, brilló su corazón, que no dudó en atender al rival que sangraba antes que a Maradona en aquella histórica escena del “pisalo, pisalo” de Bilardo. Es una manía hablar siempre bien del que se marcha, pero en su caso es una obligación. Su pasión por la Virgen de la Encarnación y la Hermandad era silenciosa. No necesitó nunca llamar la atención en los vestuarios con fotos de tres metros de largo y dar besos a estampitas en un banquillo. Su pasión era sincera y anónima cada Martes Santo. Domingo, “los del antifaz morado son los nuestros”… San Benito debe estar orgullosa de haber disfrutado de un nazareno tan ejemplar. Que Dios te bendiga.

Firmado: Víctor Fernández.